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lunes, 14 de febrero de 2011

Una historieta del XV One night stand

Siento tener el blog un tanto abandonado pero lo cierto es que las últimas semanas están siendo un no parar de organizar cosas y estoy casi sin tiempo. Pero es precisamente como consecuencia de una de esas cosas (el XV One night stand que celebramos el pasado sábado) que vengo hoy a explicaros una historia.

Hará un par de semanas se presentaron en el club un chaval de doce años junto con su madre. El chico había oído hablar de los juegos de rol y tenía unos primos mayores que habían jugado y quería probar. La madre le acompañó porque venían desde la otra punta de Barcelona y porque quería saber de qué trataba eso de los juegos de rol ya que a su hijo le interesaban.

Hablamos con ambos y les comentamos que, lo mejor, era que probaran a jugar. De esa forma podrían ver si realmente les gustaba o no y les invitamos a pasarse por el One night a primera hora (imaginamos que siendo el chico tan joven probablemente no le dejarían quedarse hasta tarde).

Pues dicho y hecho. Madre e hijo se presentaron a las 8 de la tarde con ganas de jugar y se apuntaron a la primera de las partidas que se anunció (una de Aventuras en la Marca del este cortesía de nuestro querido Brownieman). Mientras la partida se llenó (acabaron jugando dos adolescentes que tampoco habían jugado nunca antes a rol y que vinieron con sus padres y unos amigos de los padres) estuvieron jugando a algún que otro juego de mesa y a las nueve o así subieron (las salas de rol están en la planta de arriba de nuestro centro cívico) a probar por primera vez los juegos de rol.

Varias horas más tarde ambos bajaron con una sonrisa de oreja a oreja (el chaval casi flotaba de felicidad). Les preguntamos que les había parecido y los dos, cual roleros de toda la vida, nos explicaron las anécdotas y batallitas de la partida. Todos pensamos que dada la hora (las doce de la noche pasadas) esta charla sería la despedida pero madre e hijo ni cortos ni perezosos preguntaron si sería posible jugar otra partida, que se habían quedado con ganas de más.

Después de recuperarnos de la sorpresa les dijimos que por supuesto y tras mirar que partidas había disponibles se apuntaron a Kuranto. De nuevo, mientras la partida se llenaba de jugadores ambos probaron un par de juegos de mesa más y casi a las dos de la mañana se subieron de nuevo para aprender a saltar por los tejados de Barcelona de la mano de Theck.

Eran casi las 6 cuando bajaron y mientras que a la madre se la notaba más cansada pero sonriente, el chaval seguía con la sonrisa y las ganas de marcha. Ambos aguantaron hasta última hora (las 8 de la mañana) probando juegos y cuando ya nos despedíamos lo primero que preguntaron fue "¿y cuándo podemos volver a jugar?".

Quería explicaros esta historia porque creo que esta mujer es admirable (y no porque le gustara la experiencia de jugar a rol). No sólo se interesó por los gustos y aficiones de su hijo, sino que en vez de prejuzgar decidió probarlo y poder opinar por si misma. Creo que es encomiable el esfuerzo (a última hora casi se le cerraban los ojos por el sueño) de dedicarle una noche a tu hijo y sobretodo de tener la mente abierta ante algo nuevo, pudiendo, de esta forma, descubrir que a ti también te gusta.

No sé si ambos volverán (creo firmemente que sí) pero creo que el sábado por la noche nacieron dos nuevos roleros.
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