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lunes, 4 de octubre de 2010

La Iglesia de la Llama de plata (I parte)

La Iglesia de la Llama de plata se mantiene aparte del resto de fes de Eberron. Los Purificados, como los seguidores de la llama se denominan a si mismos, reverencían a una entidad divina de origen no mortal que se creó al final de la Era de los Demonios cuando la mayor parte de la raza couatl – las serpientes emplumadas de Sarlona – se sacrifice a si mismos para ligar a los Grandes Señores Demoníacos en las profundidades de Khyber. La esencia de los couatl emergió hasta convertirse en una fuente de pura energía celestial muy similar en forma al espíritu del dragon progenitor Siberys, el Dragón Superior. Sin embargo, el dios de los purificados no reclama dominio sobre el mundo, ni dice haber existido previamente a que los dragones progenitors crearan el mundo, tal y como hacen los seguidores de la Hueste Soberana y de los Seis Oscuros. La llama de plata es un poder divino con un propósito y solo aquellos que profesan unos principios similares son llamados a servirla.

Los Purificados mantienen numerosos ritos y tradiciones, pero una única doctrina religiosa llamado el Principio de Pureza: Quema la corrupción y la marca del mal de todo Eberron. Otros dioses empezaron la creación, pero la Llama de Plata mediante su incansable búsqueda y combate contra el mal en ese mundo imperfecto, lo completará. Esta creencia de que el mundo sólo puede ser perfeccionado por la Llama de Plata y sus seguidores es el motivo del aire de arrogancia que los seguidores de otras religiones ven en ellos, pero es absolutamente central a la fe de los Purificados. Ellos conocen la existencia y divinidad de otros dioses, tales como la Hueste Soberana o los Seis Oscuro y los tres dragones progenitores. Los purificados incluso les rinden honores ya que saben que la Hueste es digna de respeto. Después de todo, la Llama de Plata nunca ha reclamado ser una deidad creadora, y ni siquiera ha existido tanto tiempo como el mismo mundo.

Los Purificados creen que aunque la Llama de Plata no fue la primera fuerza divina en aparecer en Eberron, será la última. Mientras el mal exista el mundo permanecerá incompleto. Mediante la expulsión de todo el mal del mundo, la Llama de Plata transformará Eberron en un paraíso sin pecado ni dolor. Entonces los otros dioses se desvanecerán dejando a la Llama de Plata para gobernar sobre la creación. La Llama de Plata ha existido durante milenios, desde el final de la Era de los Demonios, pero no podía comunicarse con los mortales hasta que Tira Miron se fusionó con la Llama.


Los Purificados creen en una jerarquía del mal. Todo el mal debe ser purgado de Eberron, pero hay acciones que deben ser tomadas de forma inmediata ya que evitarán o destruirán males mucho más dañinos para el mundo. No es que la Iglesia crea que alguna forma de mal es aceptable o menos importante, es, sencillamente, una cuestión de prioridades. Criaturas de naturaleza ajena, como los demonios o muchas aberraciones, son criaturas de maldad innata y la causa de mayor daño espiritual y físico del mundo. Las entidades como los no muertos o los licántropos, aunque son nativos de Eberron, han sido corrompidos en cosas horribles que deben ser destruidos para prevenir al mundo de su mancha. También deben oponerse a las criaturas ajenas que habitualmente son malignas, como medusas, yuan-ti o sagas, aunque se trate de criaturas naturales. Los humanos malignos también deben ser combatidos, pero mediante la compasión, la diplomacia y liderando con el ejemplo. Siempre que sea posible la gente debe poder ver que existe una forma mejor de vivir sus vidas. Si no es posible, la espada puede ser la única respuesta, pero no debe ser la primera elección. Finalmente, los Purificados deben enfrentarse al mal que anida en sus propias almas. Los mortales deben purgarse de todo deseo de pecado de sus corazones, una hazaña que únicamente puede ser realizada con la ayuda y el apoyo de la Llama.

La Iglesia no solo indica que el mal debe ser combatido, también reconoce que en ocasiones un mal menor puede ser necesario para luchar contra un mal mayor. A veces, la gente buena se ve forzada a cometer actos cuestionables en la batalla contra la oscuridad. La Llama de Plata no alienta esas decisions y tampoco aprueba habitualmente ese tipo de medidas extremas, pero en ocasiones reconoce que no existe otra elección.

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