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viernes, 23 de febrero de 2007

Reinos de hierro 6- La capilla de Darak



Y aquí está la continuación de la quinta sesión de Reinos de hierro.

Aprovecho para preguntarle al máster un par de cosillas:

- PX’s????
- ¿Va a tener nombre la campaña algún día?

Viene de aquí:
…………………………………….

Tras unos minutos reponiéndonos iniciamos la exploración de la casa. Ivash se quedó en el claro, vigilando por si el salvaje que había huido regresaba o si se presentaban nuevas complicaciones mientras que el resto de nosotros entramos en la casa. Justo a la entrada invoqué el poder de Morrow para que éste me permitiera detectar las presencias mágicas en la casa ya que sospechábamos que tal vez aquello que tanto anhelaban nuestros adversarios fuera un objeto arcano de algún tipo.

La casa se veía abandonada desde hacía años. El polvo y las telarañas la cubrían por completo y aunque se notaba que los muebles habían sido de gran calidad, el tiempo y el desuso los había maltrecho. Tras examinar las dos plantas de la casa no logramos encontrar nada digno de mención pero en un almacén de la planta baja encontramos una trampilla.

La abrimos y bajamos a una hermosísima capilla trabajada en madera. En su interior se respiraba un aire de paz y tranquilidad que nos envolvió desde el primer momento. Una de las paredes estaba bellamente decorada con un mural en el que se podía ver a Darak y a su familia mientras que la otra exhibía un surtido de armas de coleccionista. El frente era un hermoso altar dedicado a Morrow con esculturas de madera de Morrow, la ascendida Katrena y el ascendido Markus en la parte central y del resto de ascendidos a sus lados.

Sorprendidos por el descubrimiento permanecimos unos instantes en silencio antes de examinar toda la estancia cuidadosamente. La plegaria de detección de magia me indicó rápidamente que una de las armas que se podían ver colgadas en la pared poseía una fuerte aura mágica. Además de esa aura no había ningún otra en la sala con lo cual relajé mi mente y el conjuro desapareció.

Al examinar el altar Nolan se dio cuenta de que existía un doble fondo. Con gran cuidado lo abrimos y vimos… que estaba vacío. Una marca en el polvo nos indicó que hasta hace poco un objeto se había guardado allí. La marca era redonda, de unos cinco o seis centímetros de diámetro… similar a la que hubiera dejado un medallón. No pudimos encontrar ninguna otra pista así que nos dedicamos a examinar el resto de la sala.

Con calma y cuidado examinamos todas las armas y vimos que se trataba de objetos de gran calidad en su mayoría y muy ornamentados. El hacha que desprendía un aura mágica era un arma impresionante. Era del tipo umbreano, grande y bien equilibrada pero lo más impresionante estaba en su hoja. Un gran símbolo de Morrow parecía brillar en su interior. Se notaba que el símbolo no había sido forjado por manos humanas, sino que había aparecido allí de forma mística y casi no me atreví a poner mis manos sobre ella. A pesar de su tamaño resultaba ligera y ágil y con gran reverencia decidimos llevarla a Ishtar para que la iglesia pudiera darle un buen uso. Recogimos también el resto de armas que había allí pensando que probablemente el pueblo pudiera darles un mejor uso y que si se decidía devolverlas a éste lugar siempre estaríamos a tiempo de hacerlo.

La noche ya había caído y preferimos pasarla en la capilla para a la mañana siguiente poder seguir descansados a nuestro adversario. La paz que se respiraba en la pequeña capilla nos ayudó a recuperarnos de nuestra fatiga y heridas y a la mañana siguiente únicamente tuve que lanzar algunos conjuros menores para acabar de restablecer a todo el grupo.

Nos despedimos de la cabaña de Darak con las fuerzas renovadas y no tardamos demasiado en localizar el rastro de nuestro enemigo. Se dirigía de regreso a su campamento pero se notaba que las heridas le habían hecho mella y su rastro resultaba sencillo de seguir. Al cabo de unas pocas horas localizamos sin problemas los restos de un improvisado campamento del que parecía haberse marchado un par de horas antes y avanzamos con rapidez hasta que le localizamos.

Silenciosamente nos desplegamos a su alrededor con intención de que en esta ocasión no pudiera huir. Se notaba en su forma de moverse que estaba herido y cansado pero preferimos no confiarnos. Cyvross y Nolan le dispararon y acertaron mientras que mi disparo de ballesta fue desviado por una rama y no logró impactarle. Pasado un primer instante de sorpresa el salvaje pareció reaccionar y esquivó nuestros golpes. Pudimos ver como la rabia se apoderaba de él y recurría a los poderes del Wurm para cambiar pero aunque sus rasgos cambiaron el efecto sobre nuestras mentes fue notablemente menor. Tras un rápido intercambio de golpes infructuoso conseguí impactarle en plena espalda con el hacha de Morrow haciéndole caer inconsciente.

Durante unos instantes pudimos ver como el símbolo sagrado del hacha se iluminó con un fuego rojizo y evaporó la sangre que lo manchaba. Tras eso permaneció cálido durante unos instantes más hasta que la temperatura ambiente lo fue enfriando lentamente.

Nuestro enemigo yacía vencido en el suelo y pudimos ver que parecía consumido o enfermo. Sus tatuajes se desdibujaban sobre su piel y sus heridas parecían supurar extraños fluidos. Ivash hizo ademán de rematarlo pero se lo impedimos. Tal vez podríamos interrogarlo y averiguar algo más sobre nuestros enemigos así que me aseguré de que no muriera por causa de los diferentes cortes que tenía.

Antes de hablar con él buscamos el objeto que se había llevado de la cabaña de Darak. No nos costó mucho ver que unas gruesas franjas de cuero cruzaban su pecho sujetando una pequeña cajita. Con cuidado la cogimos y la abrimos descubriendo en su interior una especie de medallón que correspondía a la forma que habíamos visto sobre el polvo en la capilla de Darak.

El medallón era bastante grueso pero no demasiado pesado. Parecía estar hecho de una mezcla de metales y rocas de un color dorado oscuro, poco vistoso y tenía extraños glifos en su superficie, semejantes a ondas y espirales y en el centro un símbolo similar al del Wurm aunque con algunas diferencias

Oré a Morrow para que me permitiera vislumbrar las auras mágicas a mi alrededor y pude ver que el medallón tenía una potente aura de la escuela de abjuración pero también noté que sobre nuestro enemigo caído existía una leve aura de encantamiento y una de transmutación que se estaban disipando.

Sin poder averiguar mucho más en ese momento nos decidimos a interrogar a nuestro prisionero. Se encontraba bastante confuso y decía notar en su cabeza tanto sus propios recuerdos como los de otro ser llamado “El Salvaje”. Costó bastante conseguir información sobre lo que le había sucedido pero tras un largo rato averiguamos que se trataba de un comerciante que viajaba de Bainsmarket a Corvis cuando fue capturado y llevado a presencia de un extraño humanoide. Este ser, de unos tres metros de altura, portaba incrustados en el pecho cuatro triángulos metálicos que formaban una cruz y se dedicaba a capturar a comerciantes y aldeanos y “convertirlos” forzadamente en sus tropas. Eso es lo que había hecho con nuestro prisionero. Tras ser capturado recibió los recuerdos de “El Salvaje”, un guerrero salvaje que había liderado a su tribu y que le había poseído y obligado a luchar.

Sus palabras, a pesar de lo fantásticas que pudieran parecer, tenían el deje de la verdad y decidimos que lo mejor sería que le lleváramos a Ishtar y allí prestase declaración ante las autoridades del lugar.

Quedaba pendiente la cuestión de qué hacer con el objeto robado: si debíamos devolverlo a la casa de Darak o si debíamos entregarlo al padre Kerwin, en Ishtar. Tras deliberar durante unos minutos decidimos que la casa de Darak ya no era segura para él y que si se trataba de un objeto tan deseado por nuestros agresores probablemente estaría mejor protegido en Ishtar.

Así que sin demorarnos más de lo necesario partimos hacia el pueblo. Al llegar reunimos al padre Kerwin, al alcalde y al capitán de la guardia y les relatamos nuestros descubrimientos y cuando llegamos a la parte de la captura del individuo huido dejamos que fuera él mismo quien explicara lo que le había sucedido y que las autoridades le interrogaran.

Ahora quedaba pendiente ver que deberíamos hacer a continuación. Todavía no sabíamos nada del extraño medallón que habíamos encontrado ni porqué lo querían con tanta ansiedad nuestros adversarios. Seguíamos desconociendo quien era ese extraño ser que dominaba a nuestros enemigos ni cómo lograba alterar sus mentes… Todo eran incógnitas ante nosotros.
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